FRANCISCO FRANCO: GUIÓN INÉDITO

Los análisis grafológicos encargados por la Asociación para el Patrimonio confirmaron las sospechas que apuntaban a que la autoría de dicho texto se debe a Francisco Franco.Reproducimos a continuación el documento en su integridad:IDEA PARA UNA PELÍCULA.17 de mayo de 1972F.F.Abrimos con un PLANO GENERAL de España. Es importante que se vea España entera. Si es necesario, se construirá un trípode muy alto y se colocará en Francia (nota: pedir permiso al presidente de Francia, como quiera que se llame).Desde ese plano general hacemos zum a un campesino. El campesino podría estar en Castilla. O quizá en Sevilla. Lo fundamental es que esté mirando hacia arriba ya que la cámara está muy alta y tenemos que verle la cara. Una gota de sudor desciende por su frente. No, mejor dos. Una por la frente y otra por la mejilla (¡¡genial!!).Cortamos a un plano desde el ojo del campesino. Quiero decir que vemos lo que él ve. Pero como no podemos poner la cámara en los dos ojos al mismo tiempo es importante que decidamos en qué ojo debe estar. Abogo por el derecho.El campesino camina hacia su casa, allá, a lo lejos. Vemos esta acción a través de su ojo derecho. Hay un momento en que el campesino mira de reojo a la izquierda, de forma que nosotros vemos, en primer plano, una enorme nariz. Es importante que se comprenda que esta nariz simboliza a España. Debe ser una nariz regia, un poco aguileña (ya que eso nos abriría el mercado italiano) pero no demasiado.Cortamos a un plano en el interior de la casa. En la cocina, una muchacha hornea panecillos. (Probablemente sea una pecadora de senos turgentes y muslos poderosos, pero esto no debe ser muy explícito, de forma que taparemos convenientemente sus zonas comunistas con varias capas de ropa.) Como los panecillos están en el horno, tenemos que dar alguna clave para que el espectador sepa que está horneando panecillos.Quizá ella diga: “Oh, qué hermoso día para hornear panecillos.”Luego abre el horno y dice:“Panecillos.”El campesino entra en casa. A estas alturas las dos gotas de sudor ya han descendido hasta su cuello. Esto es importante, así que debemos hacer un plano muy cerrado sobre las dos gotas. Primero una y luego la otra.Corte a plano general. El campesino se acerca a la muchacha y le dice:“¿Son panecillos eso que huelo?”Volvemos al plano general de España entera. En este plano vemos claramente cómo, en una céntrica calle de Asturias, un hombre muere atropellado. (Esto no es relevante para la historia, pero le dará la tensión necesaria para captar al público más joven).Volvemos a la casa. El campesino y la muchacha comen sentados a la mesa. En una bandeja hay tres panecillos, dos de ellos muy tostados y, entre ellos, uno casi crudo. Entre los tres simbolizan una sugerente bandera de España. La muchacha alarga la mano (una mano delicada y suave, y quizá con un poco de pecaminoso y españolísimo vello, no mucho, lo justo), alarga la mano, decía, hacia uno de los panecillos que conforman la bandera española cuando el campesino, suavemente, le cruza la cara de un guantazo.Ella cae hacia atrás con la falda arremangada, las piernas muy abiertas y los pies apuntando al techo. Es FUNDAMENTAL colocar la cámara de tal forma que la botella de vino que hay sobre la mesa oculte cristianamente el endemoniado agujero comunista de la muchacha así como su pecaminoso refajo de goyescas semitransparencias.La muchacha escupe dos dientes (en conceptual simetría con las dos gotas de sudor anteriormente descritas), se incorpora, sonríe al marido, le pide perdón y le pregunta qué la ha hecho merecedora de tan justo castigo.El hombre alza la cabeza, se cuadra y, con voz recia y varonil, espeta:

“España no se come, Mariángeles.”

Abrimos zum hasta el plano general de toda España (nota: dado que estamos en el interior de una casa, debemos tener en cuenta que ésta debe carecer de tejado para posibilitar dicho juego óptico por lo cual recomiendo rodar esto en las Hurdes).En este plano general de España vemos cómo el hombre atropellado en Asturias ha recibido ya presurosa asistencia médica y, aunque con una leve cojera, continúa caminando hacia su trabajo.Mantenemos este plano media hora, contemplando la grandeza de España, su meticuloso funcionamiento, al modo de una precisa maquinaria de relojería, con sus edificios, sus pantanos y sus cosas. Entonces, lentamente, iniciamos un FUNDIDO A NEGRO.FINNota: Darle una vuelta a lo de las gotas de sudor, no estoy seguro de que se entienda.

FRANCO SERÍA UN CABRÓN, PERO AL MENOS ERA FRANCO

¿La libertad de expresión es cuantitativa o cualitativa?

OPCIÓN A.

Supongamos que es cualitativa. Si lo es, sólo hay dos posibilidades: que haya libertad de expresión o que no la haya. Teniendo esto en cuenta y echando mano de la Historia, decimos: “con Franco NO había libertad de expresión”. Por tanto, ahora SÍ LA HAY. Fin del problema. Somos libres para decir lo que queramos. Por tanto yo aquí, en mi blog, me puedo cagar tranquilamente en Zaplana, en Ibarretxe y en la puta madre de Alcaraz.

Ahora bien:OPCIÓN B.Supongamos que la libertad de expresión es cuantitativa. En ese caso ya no se trata de que haya o no haya, ahora es una cuestión de matices. Decimos: “con Franco NO había libertad de expresión y ahora sí”. Pero, si lo piensas, con Franco sí que había una cierta libertad de expresión. Porque, por ejemplo, uno podía decir en cualquier periódico: “Me cago en Carrillo y en su puta madre.” Así que con Franco había ALGO de libertad de expresión y ahora hay BASTANTE más. Pero eso no quiere decir que haya libertad de expresión. Sólo quiere decir que HAY MÁS QUE ANTES. Esta visión del asunto, que es la preponderante entre los jueces y políticos de nuestro país, nos lleva a dos conclusiones. La primera, que la libertad de expresión total es una utopía. Y la segunda, que yo puedo acabar en el Tribunal Constitucional por cagarme en Zaplana, en Ibarretxe y en la puta madre de Alcaraz en el párrafo de arriba.Así que, por si acaso, mejor me desdigo. Después de todo la libertad de expresión no debe usarse para insultar a nadie. Además, qué culpa tendrá la pobre madre de Alcaraz de que su hijo sea semejante cabrón.