Por qué debes votar a VOX

¿Que por qué debes votar a VOX?

Porque eres un español normal.

No es un secreto que ¡España! se nos está llenando de gente rara. Maricas, negros, musulmanes, machupichus, comunistas, sidosos, Jorge Javier Vázquez… Todos los desheredados de la Tierra, todos los tarados del mundo quieren venir a ¡España! ¿Nos extraña eso? ¡No! ¿Por qué? ¡Porque España es la más grande nación del mundo, descubridora de América, de la escafandra y de la fregona!

Sin embargo, el espacio de este gran país nuestro tiene un límite. Incluso ¡España! debe rendirse a las leyes de la física. Está en manos de la gente normal, de la gente como Dios manda, detener estar sangría de recursos.

¿Sabe usted que un machupichu estándar cobra 3.400 euros al mes DE MEDIA? ¡Dinero que sale de sus impuestos españoles! Según un estudio reciente de nuestro pensar tanque, casi el 90% de los machupichus afincados en España se dedica a limpiar casas y a trabajar en la obra solo porque se les hace larguísima la semana. ¡Tiene tanto dinero que no saben qué hacer de lunes a sábado! ¡No son más que burgueses marrones!

Huelga decir que, en VOX, no tenemos ningún problema con los inmigrantes. De hecho, admiramos mucho a Morgan Freeman, siendo, como es, bastante negro. Algunos de nuestros candidatos, incluso, gustan de tomar el sol hasta rozar el melanoma, siendo indistinguibles, a finales de agosto, de un moro cualquiera.

Los medios de extrema izquierda, como El País o El Mundo, nos acusan de ser de extrema derecha. ¡Nada más falso! Dicen eso llevados por la misma corrección política que les empuja a atacar a Su Majestad Felipe VI Rey de ¡España! o, peor aún, a considerar a las mujeres víctimas de algo. ¡Víctimas, nada menos! Pero ¿cómo van a ser víctimas si sonmás?

Aunque nosotros no tenemos problemas con las mujeres (como demuestra el hecho de que el 100% de nuestros candidatos tiene madre), tampoco estamos ciegos a la terrible violencia que a veces las enajena.

Son muchas las mujeres que al llegar a casa, borrachas y a veces también drogadas, golpean brutalmente a sus maridos. Nuestro partido es EL ÚNICO que se preocupa por esta terrible lacra feminazi que, cada año, se cobra más de 300.000 víctimas en nuestro país (250.000 más que el tabaco).

No olvidamos tampoco las amenazas que nos aquejan desde el interior de nuestro país. Los españoles de Vascongadas y de Cataluña se esfuerzan cada día por humillar a ¡España! ¡Como si necesitásemos su ayuda para eso! Usan sus idiomas inventados para que no nos enteremos de sus chanzas contra la Guardia Civil, contra la Virgen del Rocío, contra Jose Manuel Soto y, en definitiva, contra los grandes estandartes de nuestro país.

¿Qué decir sobre esta triste y violenta gente? No hay nada más dañino que el nacionalismo.


Fotografía: Contando Estrelas

Entrevista exclusiva a Felipe VI

El equipo de prensa de la Casa Real me cita en la azotea de un edificio, en pleno corazón de Sevilla. El recinto, que cuenta con una piscina descubierta, está vigilado por agentes del CNI. Su Majestad me recibe en bañador, sentado en un trono hinchable de color rosa.

Majestad, gracias por recibirme.

Nada, nada. Ya ve que soy muy normal. Me puede tocar, si quiere. ¿Quiere? ¿Le apetece tocarme? ¿Sí? ¿Me toca? Tóqueme.

No hace falta.

¡Que me toques!

Vale, vale. ¿Dónde?

Ahí. En el pie. La punta solo.

¿Así?

No aprietes.

Perdón.

¿Qué tal?

Eh… Bien, no sé. Es un pie.

Exacto. Un pie normal. Un pie del pueblo. Pon eso: “Su Majestad don Felipe VI tiene pies del pueblo”. Bueno, ya vale, aparta.

Perdón.

Como ves, soy tan campechano como mi padre. ¡Y por menos dinero! Soy un chollo. Pon eso también.

Majestad, me gustaría saber cómo va su viaje por España.

¿El Poor Tour Veinte Veinte? Estupendamente. Las niñas nunca habían estado en Benidorm y les ha encantado. ¡Hasta quieren comprárselo! ¡Ja, ja, ja! ¡Cómo son los críos! Les he tenido que explicar que no tiene que comprarlo, ¡porque ya es suyo!

Bueno, técnicamente eso no es así.

Técnicamente, yo te mato ahora mismo y, lejos de encarcelarme, Antonio López me hace un retrato con tus huevos de sombrero que acabaría en el Prado. Técnicamente. ¿Ves por dónde voy?

Eh… Sí, creo que sí.

Estupendo. Siguiente pregunta.

Dígame, ¿qué tal ha pasado el confinamiento su familia y usted?

Ha sido horroroso. Horroroso. Un día jugamos al escondite, y mi hija se pasó una semana y media desaparecida. Tuvimos a doscientos GEOS haciendo batidas por casa. Diez días para encontrarla.

¿Y dónde estaba?

En el ala sur del vestidor de su madre. Tarde o temprano tenía que pasar algo así, esa mujer no para de comprar ropa. Tiene la casa que parece una fábrica de Bangladesh. La pobre cría sobrevivió todo ese tiempo alimentándose de leggins de Zara.

¿Se refiere a la Princesa?

No, hombre, me refiero a la prescindible. Espera, no pongas eso, que a su madre no le gusta. Pon mejor… eh… Mierda, nunca me acuerdo de cómo se llama. Es igual, pon “la infanta”.

La Princesa estaría preocupadísima.

¿Esa? ¡Ni se enteró! Estaba al otro lado de la finca, preparándose para ser reina.

¿Y cómo se prepara para eso?

Bueno, en mi época nos mandaban a una academia militar, pero las nuevas corrientes pedagógicas lo han cambiado todo. Ahora se deja libertad a los niños para que aprendan solos, sin libros ni nada.

¿La Reina tiene que aprender sola? ¿Cómo?

Mire, le pongo un ejemplo. Ayer mismo la llevamos al Estado Mayor de la Defensa, la pusimos delante de los generales y le dijimos: “¿te apetece dar un golpe de Estado?”. Y, a partir de ahí, ella hace lo que considere.

Entiendo que dijo que no.

Sí, quería volver pronto a casa para ver Hamilton.

¿Y si un día decide dar un golpe de Estado?

De todo se aprende.

Ya, pero… ¿no le parece que eso estaría mal?

Es que no hay que enfocarlo así. Cada uno tiene sus aptitudes. La Princesa, por ejemplo, puede ser muy mala preservando la democracia, pero muy buena reciclando.

Cambiando de tema, majestad… He leído que se ha comprado un coche nuevo, blindado, que cuesta más de medio millón de euros.

Sí, bueno. Ha sido por Letizia.

¿Le gustan los coches?

Le gustan las armas.

¿Cómo?

Hace quince días me disparó una ráfaga de metralleta justo cuando volvía a casa. No vea qué jaleo. Siniestro total y Eustaquio muerto.

¿Eustaquio?

El chófer. Llevaba mil años en la familia. Fue chófer de mi padre. Se sabía todos los puticlubs de Europa. Mejor que le matase Letizia, también se lo digo, eso que le hemos ahorrado a Villarejo.

Pero… ¿por qué le disparó la Reina?

Es una tradición familiar.


Fotografía: Casa Real

Cinco obras que habría que prohibir inmediatamente

Don Quijote de la Mancha

Cervantes aprovechó sus años en prisión (recordemos que era un estafador) para redactar esta oda a la gerontofobia y a la misoginia.

A través de su protagonista, el autor se burla de los enfermos mentales, aumentando así el estigma que todavía hoy pesa sobre ellos (en parte, por culpa de esta novela).

El rol femenino es encarnado por el personaje de Dulcinea del Toboso, que ni siquiera aparece en el libro. Si la conocemos, es solo porque el protagonista (varón, blanco y heterosexual) se pasa toda la obra cosificándola con continuas alusiones a su belleza física. Al parecer, Cervantes no encontró espacio, en setecientas páginas, para dar voz a la mujer.

Moby Dick

Tras leer este tocho, no queda claro si Herman Melvile odiaba más a los negros o a las ballenas (especie, no lo olvidemos, en peligro de extinción). Sea como sea, ambos quedan por debajo del blanco heteronormativo, narrador del relato y, por tanto, punto de vista.

El autor nos presenta los personajes desde una perspectiva racializada, llegando incluso a referirse a «el negro», a quien se describe como un salvaje irracional. Por supuesto, muere al final.

A lo largo de la obra existen, además, numerosas burlas que tienen como objeto a las personas con capacidades diferentes (el protagonista carece de una pierna, lo cual a Melvile le resultaba muy gracioso).

Cien años de soledad

En los años sesenta, Gabriel García Márquez alcanzó la gloria literaria con el más largo chiste de gitanos jamás escrito.

Si bien reírse de los pobres ya era un subgénero literario, el colombiano aportó una radical innovación al burlarse de varias generaciones de pobres al mismo tiempo. Este recurso llevó la aporofobia a tal grado de sofisticación que el jurado de la Academia Sueca no pudo por menos que darle un Nobel. ¡Jamás se habían reído de tantos pobres en un orden tan creativo!

No contento con esto, Márquez encuentra hueco para glorificar la violencia sexual hasta el punto de que no queda varón en la novela que no abuse de alguna prima.

Romeo y Julieta

William Shakespeare, máximo exponente del colonialismo machirulo y del insularismo testicular, se quitó la careta para contarnos esta historia de ultraje y cosificación de una menor de edad que, además, trivializa el suicidio.

La obra traza una alegoría del amor romántico, constructo cultural básico de la sociedad heteropatriarcal con el que, durante siglos, se ha justificado la dominación de la mujer.

Esta aberrante basura falocrática busca perpetuar el mito del príncipe azul, símbolo opresor por excelencia que concibe a la mujer como un mero apéndice del hombre. La cultura de la violación en cinco actos.

El Nuevo Testamento

Este aberrante libelo protagonizado por un prestidigitador con un trastorno de personalidad narcisista fue publicado con el único propósito de hacer escarnio del pueblo judío. Sus dislates, sin embargo, van mucho más allá.

No es un secreto que la representatividad en esta obra brilla por su ausencia. Para los autores, no existen gays, ni lesbianas, ni personas que no encajen con su realidad cisgénero. Es más, tras su lectura detenida, uno diría que el mundo está habitado exclusivamente por pescadores heterosexuales con barba.

A tal punto llega el descaro misógino de esta novela que el protagonista nace de una madre virgen (¡!) que ni habla ni vuelve a tener relevancia alguna hasta que, muerto su hijo, la encontramos llorando a sus pies. ¿Acaso la Virgen no trabajaba? ¿Acaso no quedaba con sus amigas? ¿Pretenden hacernos creer que esa mujer se pasó 33 malditos años sentada en su casa?

Cómo ponerse bien la mascarilla

Como sabrá, la mascarilla es una herramienta imprescindible para evitar la propagación de la COVID-19 y, por tanto, contener el impacto de la pandemia. Si bien la mayor parte de la gente la utiliza correctamente, son muchos quienes hacen un uso inadecuado de ella. En este artículo, repasaremos las dudas más comunes.

Conviene empezar recordando que la práctica totalidad de los humanos poseemos una abultamiento carnoso similar a la aleta de un tiburón en el centro de la cara. Puede localizarse fácilmente en el eje medio de la cabeza cuando esta es observada de manera frontal, encontrándose a mitad de camino entre los ojos (las bolas parejas de la parte superior) y la boca (la hendidura del tercio inferior). A esa simpática protuberancia se la denomina, en nuestro idioma, nariz.

Esta nariz desarrolla diversas funciones en nuestro organismo, siendo la principal facilitar la entrada y salida de aire en el aparato respiratorio. Durante la expulsión del aire, puede darse la triste circunstancia de que este vaya mezclado con micropartículas, algunas de carácter infeccioso. Cuando eso se produce a 150 kilómetros por hora, lo llamamos estornudar, y es posible que lo haya experimentado en alguna ocasión.

Es por esto que dicha protuberancia, por lo demás irrelevante en nuestro día a día, debe ser convenientemente cubierta por la mascarilla.

Existe cierta confusión también sobre la necesidad de utilizar mascarillas en espacios abiertos. Aunque la normativa es clara (debe usarse cuando no se pueda garantizar la distancia de seguridad de dos metros), es cierto que España sigue sin familiarizarse del todo con el sistema métrico decimal. Diremos pues, y en virtud de la comprensión general de los españoles, que la distancia mínima entre dos personas debe ser de un cincuentavo de campo de fútbol (contemplado el campo a lo largo, no a lo ancho, en cuyo caso sería de un treintaicincoavo).

Hay también otra categoría de dudas relacionadas con cuestiones antropológicas, sociológicas o éticas, siendo esta la más frecuente: ¿por qué debo coartar mi libertad por un virus cuando no lo he hecho por el ISIS?

No se le escapa a nadie que un virus es, en efecto, mucho más pequeño que un yihadista de tamaño medio. También es cierto que el virus, a diferencia del yihadista, carece de cerebro; ¿por qué, entonces, renunciar a nuestro estilo de vida?

Se trata, sin embargo, de un falso dilema, ya que, si bien los yihadistas son más voluminosos, los virus cuentan con muchos más efectivos. Piense que, en el interior de un solo español estándar, puede haber más virus que muyahidines en el Estado Islámico. Tanto es así que, si pusiéramos todos los virus de COVID-19 juntos, uno encima del otro, podríamos llegar a la Luna (esto es, 3.844.000 campos de fútbol).

Recuerde, por último, que la finalidad de la mascarilla no es tanto protegerle a usted como a los demás. Que igual no se lo merecen, de acuerdo. Pero casi seguro que usted lo merece menos y ya ve.

La teoría conspiranoica total

Despierta.

Todo gira en torno al poder.

Los adalides del Nuevo Orden Mundial, con base en Estados Unidos, no pueden tolerar que China les arrebate el liderazgo global. Al fin y al cabo, han invertido mucho esfuerzo y dinero para alcanzar esa posición.

Asesinaron al creador del motor de agua. Mataron a JFK para que no revelase el falso alunizaje, y a su hermano Robert para que no descubriese que, de hecho, la Tierra es plana. Incluso acabaron con Carrero Blanco cuando este se disponía a hacer público que, en 1968, el gobierno franquista compró Eurovisión para que ganase Massiel. Demasiado esfuerzo, demasiado dinero como para verse ahora superados por los chinos.

Todo empezó en los años 50, cuando los illuminati filtraron a la prensa documentos OVNI para desviar la atención de las armas ultramodernas que, por entonces, creaban y probaban en el Área 51. Pronto descubrieron, sin embargo, que había una técnica de control de masas mucho más eficaz que la bélica: la biológica.

A finales de los 50, inyectaron agua a miles de bebés enfermos de polio. El experimento sirvió para demostrar que la población lo aceptaba sin cuestionarlo siquiera. Empezaba la era de las vacunas.

A la población mundial se le inyectaron toxinas, DDT, cloro y, desde hace unos años, nanobots. Algunos experimentos salieron mal, provocando autismo y creando nuevas enfermedades como el SIDA. Era, sin embargo, un precio pequeño por el dominio mundial.

El club Bilderberg, cara pública del poder reptiliano, pronto comprendió que la superpoblación era un obstáculo para sus planes, y puso en marcha diversas estrategias con el objetivo de contenerla.


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