Retrato de un asesino asintomático

Enrique (nombre supuesto) siempre ha sido lo que se dice un tipo normal. No tiene Twitter, pero no pasa un fin de semana sin que suba al Facebook alguna foto de las mellizas o de la liguilla de fulbito.

Estudió económicas por estudiar algo y acabó trabajando en una oficina de import/export porque de algo hay que trabajar. Casado, dos niñas, una hipoteca en Madrid, monovolumen, Netflix y HBO más que nada, por Juego de Tronos.

A sus 43 años, Enrique nunca se ha planteado matar a una persona. Hoy, sin embargo, va a matar a una. Lo hará sin voluntad asesina, pero sin poner nada de su parte para evitarlo. Matará banalmente, como decía Hannah Arendt que mataban algunos nazis. Solo que Enrique no necesita trenes para ello; le basta con el monovolumen.

Hoy Enrique ha sentado a las mellizas en el coche y, en contra de los consejos de Conchi y del Gobierno, han puesto todos rumbo a Valencia. Allí viven sus padres, y si, como dicen, vamos a pasar unas semanas encerrados, mejor que las niñas vean la playa, aunque sea por la ventana.

Un compañero de fulbito que es guardia civil le ha dicho que, en un día, Santiago y cierra España con militares y toda la pesca. De ahí las prisas que le ha metido a Conchi y a las niñas, ¡venga!, ¡haced las maletas!, ¡coged unos juguetes!, ¡deprisa!

Y aunque Enrique no es un psicópata, se dispone a matar a su padre. Será un crimen lento, como dicen que matan algunos venenos. Empezará a las nueve de la noche cuando le bese y le pregunte qué tal estás, papá, vaya lío, qué exageración, cómo se están pasando los telediarios, ya verás como no es para tanto.

Su padre empezará a sentirse mal cinco días después y ya nada se podrá hacer al respecto. No será fácil explicárselo a las mellizas, que no querrán ver la playa ni querrán nada. Solo volver a casa, a Madrid. Y Conchi venga a explicarles que no se puede, que hay un bichito, etcétera.

Enrique, por cosas de la condición humana, no aprenderá la lección. Se convencerá de que su padre se contagió en el bar, echando la partida, por la tos de algún viejo. Eso dirá cuando el asunto este de la pandemia salga en alguna conversación, y saldrá mucho, durante mucho tiempo.

Solo muy de vez en cuando barajará otras hipótesis, siempre por la noche. Cuando oiga una tos en la habitación de las mellizas y salte de la cama como alma que lleva el diablo, se preguntará si tal vez fue culpa suya. Pero ¿cómo va a serlo? Él solo hizo lo que debía. Lo mismo que hicieron miles de personas en todo el país. La culpa, en todo caso, será del Gobierno.

 


Imagen: fotograma de Abre los ojos.