Watchmen de balcón (Diario de Rosa)

Quis custodiet ipsos custodes?

Diario de Rosa
24 de marzo de 2020
Mi calle apesta a sangre, fornicación y conciencia podrida. Me asomo por la ventana y veo a gente violando el confinamiento como si fuese una filipina menor de edad. Bolsas de carne rellenas de heces y orín buscando en el aire libre la purificación para sus pecados. Pero eso se agotó hace tiempo. Ahora el aire está tan corrupto como sus almas.

Diario de Rosa
25 de marzo de 2020
Esta mañana, los maricas del segundo han sacado la basura, primero uno y luego el otro. En cada exhalación, han vertido sus esputos enfermos. El hedor de su saliva ha subido hasta mi ventana. He olido en ella la peste de sus sexos mezclada con el café del desayuno. Les he gritado que volvieran a su casa. Mi grito ha reverberado en la putrefacción y me han mirado como si yo fuese la loca. No saben que ya están muertos.

Diario de Rosa
26 de marzo de 2020
Hoy el del 5ºC ha salido cuatro veces con su perro. Las heces del animal tienen los mismo rasgos que el rostro de su dueño. Cuando el bicho defeca, su amo enfoca hacia mi ventana sus gafas de pasta progresista. Siento su alma chillando de miedo, como mil pollos siendo triturados para hacer McNuggets. No entiende lo que ocurre. Se pregunta por qué nos odia el virus, por qué nos mata. El virus o la virus. Le virus. Luego recoge con cuidado la mierda con su cara, como si fuese el feto de su hijo mortinato. Le grito que se meta el perro por el culo. Acelera el paso. Algún día suplicará que le salve.

Diario de Rosa
27 de marzo de 2020
La vecina de arriba ha sacado a pasear a sus tres niños, fruto de tres adulterios. Las criaturas han impregnado la acera con su baba contaminada. Como ratas mongólicas infectadas de rabia, los niños han esparcido enfermedad por la calle, la ciudad, el mundo. Les he escupido desde la ventana. No sé en qué día vivo. Pero ¿acaso importa?

Diario de Rosa
28 de marzo de 2020
Veo los pulmones enfermos del mundo ahogándose entre toses y fiebres. Bajo la ventana, mis vecinos pasean sus perros, van al supermercado, tiran la basura. En televisión, los columnistas, los tertulianos, los analistas y los politólogos han dejado de interrumpirse. Ahora nadie quiere hablar. Nadie sabe qué decir. Su silencio resuena en el vacío de las calles como el clamor de mil cerdos degollados el día de la matanza. Y, como en el día de la matanza, todos los cerdos se miran preguntándose quién será el siguiente…