ENTREVISTA EXCLUSIVA A ELON MUSK

Elon Musk me cita en su casa de Los Ángeles. Un cambio de última hora en su agenda provoca que le tenga que entrevistar en lo que llama “descansos de genialidad”, breves momentos en los que se sienta y deja de crear. Así me lo explica mientras saco el cuaderno:

El cerebro es un músculo, hijo. Y yo lo tengo tan ejercitado que ya me pega en la parte superior del hígado. No me lo invento, me lo dijo el endocrino de Steve Jobs. De vez en cuando tengo que dejar de pensar o podría sufrir un fallo multiorgánico y solo Dios sabe qué sería del mundo entonces.

Ya. Antes de nada, señor Musk, quiero darle las gracias por concederme esta entrevista.

Tienes 314 segundos, espero que eso haya contado como una pregunta. ¿Sabes cuánto vale mi tiempo? Lo tengo calculado. 46.823’5 dólares el segundo. El tiempo que tardo en mear equivale al PIB de Mozambique, y eso si llevo la vejiga a medias. Es una gran responsabilidad, igual que la genialidad. La gente cree que tengo suerte por ser el tipo más brillante del planeta, pero es una jodida maldición. ¿Tú sabes lo que es tener ideas todo el rato? No respondas, es obvio que no. Soy un géiser de I+D, muchacho. Pienso tan fuera de la caja que ni veo la puta caja de lo lejos que estoy. Siguiente pregunta.

Bueno, la verdad es que todavía no le he hecho ninguna, pero allá va: ¿cómo están yendo las reservas del Cybertruck?

¡Jesucristo bendito, hijo! ¡Jamás en toda la historia se habían vendido camiones a tanta velocidad! La gente no se lo esperaba, y esa es la clave de la innovación. Les prometes un cristal irrompible y, zas, lo rompes. ¡Pensamiento lateral! ¿Sabes por qué tengo tanto dinero? Porque invento cosas que la gente todavía no sabe que quiere. ¿Sabes en qué estoy trabajando ahora?

¿En qué?

El ala delta con catering.

¿Cómo?

¡Exacto! No lo viste venir, ¿a que no?

Creo que ni siquiera lo he entendido.

¡Jesús, hijo, no es tan complicado! Es un ala delta normal, uno de esos cacharros para planear, solo que viene con una nespresso. Y ya sé lo que va a decir la gente, dirán: ¿quién va a querer un café mientras sobrevuela las malditas Montañas Rocosas? Es lo mismo que me dijeron con Tesla y con SpaceX. ¿Sabes qué planes tengo con SpaceX?

Sé que quiere construir una colonia en Marte.

Sí, pero eso es para enero. Me refiero a medio plazo, para verano o así.

Ah, pues no.

Quiero montar un teleférico desde Los Ángeles, California, directamente hasta el planeta rojo. ¡Bum! ¿Cómo te quedas?

Pero, señor Musk, creo que no está teniendo en cuenta la rotación y traslación de la Tierra.

¡Jesús, chico, eres un maldito rompesueños! Llevo toda la vida luchando contra gente como tú, muertos en vida, galápagos del Excel. Apuesto a que ni siquiera eres capaz de visualizar tu propia polla con los ojos cerrados, ¿cómo vas a poder imaginar el futuro de la raza humana? Obviamente, yo pararía el movimiento de la Tierra antes de empezar la obra del teleférico.

Ah, entonces sí.

¿Te das cuenta?, ¿ves lo que ha pasado aquí? Me has juzgado sin tener todos los detalles. Por gente como tú el mundo es un auténtico asco, por eso hay hambre y guerras. Pregúntame cómo me visto.

Eh… ¿Cómo se viste, señor Musk?

¡No me visto! ¡Ja!, eso tampoco te la esperabas, ¿eh? Llevo la misma ropa desde 2004, no me la he quitado ni una sola vez. Lo que pasa es que tengo a un equipo de veintisiete personas que me la zurce y me la cepilla mientras duermo. ¿Y sabes lo que he hecho con todo el tiempo que me he ahorrado en estos 15 años?

¿Qué?

He desarrollado un nuevo lenguaje. Pittsen renthal frotten swirdym.

¿Cómo?

Acabo de decir “póngame papel pintado de rombos”. Es un idioma riquísimo, pero no se lo voy a enseñar a nadie. ¡Que se jodan!

Señor Musk, ¿eso es un porro de marihuana?

Santo Dios, muchacho, no serás uno de esos mojigatos que se escandalizan cuando ven a un adulto ensanchando las puertas de su percepción, ¿verdad? Gracias a este vegetal o lo que demonios sea, los mayas construyeron pirámides mientras en Europa todavía intentabais evitar que los neandertales se cagasen en vuestros ríos.

¿Pero no cree que la marihuana puede… interferir en sus procesos creativos?

¡Sin marihuana jamás habría creado el Cybertruck! Cuando hice el boceto estaba tan colgado que ni siquiera recordaba dónde vivía. Lo dibujé en un trozo de papel higiénico de un burdel de Tucson, Arizona. Que me parta un rayo si sé cómo llegue allí. ¡Pero reinventé el transporte de mercancías en carretera! ¡¿Lo reinventé o no lo reinventé?!

Sí, señor Musk. Lo reinventó.

¿Sabes que yo no como?

Eso es imposible.

Ingiero comida, claro, pero no me siento a la mesa ni toco un tenedor ni nada de eso. Para esas cosas tengo a un colaborador medio chino, y esto lo apostillo solo para dejar claro que contrato minorías étnicas. Da igual dónde esté yo, en Europa, en Asia, donde sea; él aparece a las 12:30 y me mete comida en la boca. ¿Y sabe lo mejor? Todavía no me he aprendido su nombre.

¿Y eso le enorgullece?

¡Claro que no, es una jodida tragedia! Pero es la tragedia que arrastramos los genios. Su nombre me ocuparía hueco y no puedo permitírmelo. Supón que ese tío se llama… yo qué sé. Dime un nombre chino.

Wang.

Wang, estupendo. Pongamos que se llama Wang. Y pon que yo me lo aprendo solo para poder decirle cosas como “Wang, más sal” o “Wang, master Musk ya está lleno”. Y resulta que eso, esos pocos bits de información copados por ese estúpido nombre chino me impiden acabar con el hambre en el mundo. ¿Se da cuenta de la responsabilidad que tengo?

Empiezo a entenderlo, sí.

Suena la alarma en el móvil de Elon Musk.

314 segundos. Ha sido un placer charlar con-…

Musk está a punto de decir algo más, pero un varón asiático aparece de la nada y le mete en la boca una cuchara llena de sopa.


Fotografía: JD Lasica