Espeazul

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Muchos se han percatado de la pérfida estrategia, pero solo Esperanza Aguirre ha puesto el grito en el cielo. Lo ha hecho a través de su columna en El Mundo, ésa que inauguró cuando salió corriendo de la primera línea política y que ahora abandona por incompatibilidad con su renovada vocación pública. Se pregunta la lideresa a qué viene esa obsesión de vascos y catalanes por disputar un campeonato llamado Copa del Rey si tanta ojeriza le tienen al susodicho y, por extensión, a la nación española en su conjunto.

La clave está en la sinécdoque. Considera Aguirre que, al pitar al jefe de Estado y a la enseña nacional, se está pitando a España entera. Cada vez que un vasco o un catalán agrede por vía pulmonar a la iconografía patria está agrediendo a la Constitución y a nuestra historia, al AVE, a AENA y a RTVE, al toro de Osborne y a los Reyes Católicos, al Puerto de Santamaría y a Toledo, al Quijote, a Ortega y a Marañón.

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