Copa Libertadores de America 2011 | Peñarol - Inter |

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No sé en qué momento la política se volvió futbol. A lo mejor siempre lo ha sido y lo que ocurre ahora es que estamos en un punto crítico del torneo. Eso explicaría el forofismo ambiental reinante.

Véase, como ejemplo, la intensidad emocional con que se vivieron en las redes sociales las elecciones andaluzas. Algunos tuits debían ser leídos dos veces, y hasta tres, para descubrir si aludían al Barça-Madrid, que se jugaba esa misma tarde, o la contienda política. Mensajes como “¡Hay que parar a esos cabrones!” se volvían completamente opacos si no estaban acompañados de un #elclasico o de un #sisepuede.

Tras el cierre de los colegios electorales, el recuento de votos recordó a una carrera de perros donde el público, con sus boletos en la mano, grita enfervorecido el nombre de su cánida apuesta. “¡Vamos, Teresa!” o “¡Vamos, Susana!” o “¡Vamos (como quiera que se llamase el candidato de Ciudadanos)!”. Los ánimos se fueron caldeando aún más a medida que se hacían públicos los primeros datos: desplome del PP, mantenimiento del PSOE, notable aparición de Podemos y discreta de Ciudadanos.

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